
Estos vehículos de inversión públicos se nutren de los propios recursos naturales del país, como sucede en las grandes naciones petroleras, o de los excedentes o superávit presupuestarios
A principios del pasado mes de diciembre el fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo, aseguró que el mercado inmobiliario español era «estratégico» y que planeaba aumentar su presencia en el sector desde el 3,3% actual, llegando incluso a alcanzar un porcentaje del 7%. Como el nórdico, otros fondos de inversión de este tipo han puesto la diana en el país, con grandes compañías españolas como Telefónica, Naturgy o Talgo en su radar, así como a otros pesos pesados del Ibex 35.
El jueves el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la creación del fondo soberano ‘España crece’, dotado con 10.500 millones de euros del programa Next Generation. A la espera de conocer los detalles de este instrumento, la escasa información disponible apunta a que tendrá poco que ver con los gigantes que dominan el panorama inversor global.
Los fondos soberanos son vehículos o instrumentos de inversión propiedad de los Estados que gestionan activos de muchos tipos (ya sean acciones de empresas cotizadas, bonos e incluso terrenos o edificios) para conseguir con ellos una rentabilidad y generar estabilidad a largo plazo para el país.
Los mayores fondos de este tipo a nivel mundial se nutren de los propios recursos naturales, por ejemplo de los derivados del gas o el petróleo, pero también pueden hacerlo de sus propios excedentes o superávit presupuestarios, que surgen cuando un gobierno gasta menos de lo que ingresa, e incluso de la venta o privatización de parte o de la totalidad de empresas públicas.
Una ‘caja fuerte’ para tiempos de crisis
Una forma sencilla de imaginarse cómo operan estos instrumentos y qué sentido tienen es pensar en ellos como una caja fuerte que se ha ido llenando con la rentabilidad generada por todas esas inversiones y a la que los gobiernos pueden acudir en tiempos de crisis para salvar las dificultades. Así, permiten estabilizar la economía, pero también garantizar o aumentar la riqueza de las generaciones futuras, diversificar los ingresos del país y financiar proyectos estratégicos o sociales. En principio, sus objetivos suelen fijarse a más a largo plazo.
De acuerdo con la clasificación que elabora anualmente el Global SWF, el Government Pension Fund Global de Noruega repitió el año pasado como el mayor fondo soberano del mundo con un total 1,78 billones de dólares bajo gestión. Son unos 1,53 billones de euros al cambio actual, prácticamente el tamaño de la economía española.
Entre los gigantes a nivel global están también el China Investment Corporation (CIC), que gestiona 1,3 billones de dólares; la Abu Dhabi Investment Authority (ADIA) de Emiratos Árabes, con 1,05 billones; así como la Kuwait Investment Authority (KIA), con 1 billón de dólares; el Public Investment Fund de Arabia Saudí (más de 0,92 billones) y otros dos ‘conocidos’ para España, el GIC de Singapur (0,85 billones) y la Qatar Investment Authority 0,53 billones.
Un modo de reducir la dependencia del petróleo
A lo largo de los últimos años, especialmente tras la pandemia de Covid, muchos de estos fondos han servido a las grandes naciones petroleras para diversificarse y empezar a invertir en sectores como las renovables, las tecnológicas, las infraestructuras e incluso los deportes. Es un primer paso para ir reduciendo paulatinamente su dependencia del crudo.
«Las economías del Golfo están acelerando sus esfuerzos por diversificarse más allá de los hidrocarburos, dirigiendo la inversión hacia industrias no petroleras, infraestructuras y tecnología», apuntaba recientemente BlackRock. «Oriente Medio ya no es solo una cuestión de petróleo», añadía en otro análisis el británico HSBC y apuntaba a cómo los fondos soberanos de la región gestionan ahora más de 5,4 billones de dólares estadounidenses e invirten capital en industrias «estratégicas de todo el mundo».
Este movimiento se produce en un contexto en el que la economía mundial avanza -con pasos más o menos decididos- hacia la descarbonización y las naciones petroleras son conscientes de que las reservas de ‘oro negro’ son finitas. Europa en general y España en particular han sido foco de estos movimientos.
Los datos de apuntan a que los fondos soberanos invirtieron más de 4.500 millones de dólares en nuestro país sólo el año pasado, prácticamente el triple que en 2024. El fondo saudí fue el que más capital destinó a empresas españolas, por encima de los 36.000 millones de dólares, que incluyen una participación relevante en Telefónica, del 9,97%.