![fotografo: Sergio García Carrasco[[[PREVISIONES 20M]]] tema: Almirante Rodríguez Garat](https://imagenes.20minutos.es/files/image_640_360/uploads/imagenes/2024/12/11/fotografo-sergio-garcia-carrasco-previsiones-20m-tema-almirante-rodriguez-garat-2.jpeg)
El almirante retirado de la Armada considera que las incursiones de buques marroquíes en aguas de Ceuta constituyen una «acción de guerra híbrida» y sostiene que «el relato del Gobierno» sobre la buena vecindad «se cae por su propio peso» ante las presiones de Rabat.
La revelación de que varios buques militares marroquíes realizaron incursiones en aguas de soberanía española durante la entrada masiva de migrantes en Ceuta, a finales de julio, añade una nueva dimensión de gravedad a la crisis que aún sacude la ciudad autónoma. El episodio, que no ha trascendido hasta más de dos meses después, provocó momentos de tensión entre ambas armadas y obligó a España a reforzar su presencia naval en la zona. Lo sucedido, admitido este 12 de octubre por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abre nuevos interrogantes sobre las intenciones de Marruecos, la respuesta del Ministerio de Defensa y el silencio del Gobierno sobre el incidente desde entonces.
El almirante retirado Juan Rodríguez Garat explica a 20minutos las implicaciones militares y diplomáticas de lo ocurrido. El exmilitar considera, en conversación con este medio, que España ha sido víctima de una «acción de guerra híbrida» por parte de Marruecos y cuestiona la estrategia del Gobierno en sus relaciones con el país vecino, al que acusa de utilizar la presión sobre Ceuta para lograr sus objetivos políticos.
Las informaciones conocidas apuntan a momentos de tensión entre buques españoles y marroquíes, incluso con riesgo de colisión. Sin embargo, el delegado del Gobierno en Ceuta habla de patrullas rutinarias. ¿Es compatible esa versión con lo ocurrido?
El relato del Gobierno sobre este asunto tiene muchas inconsistencias. El derecho internacional permite que los buques marroquíes atraviesen aguas españolas siempre que estén de tránsito, lo que se conoce como «paso inocente». Pero este no era el caso: los barcos no estaban de paso, sino que permanecían en nuestras aguas. Esta presencia inusual y prolongada de buques marroquíes pone de manifiesto las contradicciones en la versión del Gobierno.
¿Cuáles son esas inconsistencias?
Fundamentalmente, tres. La primera es hablar de una crisis migratoria en lugar de una acción de guerra híbrida. Los barcos no llevan inmigrantes y su presencia requiere una explicación más profunda que enmarcarla en una crisis migratoria. La segunda es presentarlo como un caso puntual, cuando Marruecos lleva décadas sin reconocer las aguas territoriales de Ceuta y Melilla porque tampoco reconoce la soberanía española sobre ambas ciudades, algo que ya rechazaron cuando se publicó la actual Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Y la tercera es que los enfrentamientos entre buques son relativamente habituales en situaciones hostiles. Nosotros vivimos episodios parecidos con barcos del antiguo Pacto de Varsovia y con buques argelinos en los años ochenta. Pero no es algo que ocurra de forma natural entre países vecinos, como sostiene el Gobierno. Jamás habrás oído hablar de situaciones semejantes entre la Marina española y la portuguesa o la francesa. Por tanto, el relato del Gobierno se cae por su propio peso.
¿Constituyen estas maniobras una violación de la soberanía española?
Así es. Es una violación de la soberanía española, como también lo es, aunque de distinta manera, lo ocurrido en tierra. Es lo que los analistas denominan una «acción de guerra híbrida», coordinada en este caso por tierra y por mar. Marruecos no reconoce las aguas territoriales de Ceuta y Melilla porque tampoco reconoce la soberanía española sobre ambas ciudades. Para ellos, esas aguas jurisdiccionales no existen, aunque habitualmente las respetan.
¿Qué indicios le llevan a pensar que la entrada masiva de inmigrantes y la presencia de buques marroquíes estaban relacionadas?
En el tablero internacional no hacen falta pruebas como en un juicio, porque no estamos llevando a Marruecos ante un tribunal. El hecho es que 100.000 marroquíes cruzaron la frontera hacia Ceuta ante la inacción de sus fuerzas de seguridad, mientras varios buques marroquíes permanecían en aguas que España considera suyas y que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce como españolas. Esto no es casualidad.
¿Qué pretendía Marruecos con esa presión?
Como con todas las acciones de guerra híbrida, lo que pretende Marruecos es presionar. La guerra híbrida no es una guerra de verdad, pero tiene algo en común con la guerra convencional: tiene una finalidad política y emplea medios para conseguirla que van más allá de la diplomacia. Es lo que hemos visto en este caso. La guerra se considera tradicionalmente la continuación de la política por otros medios. Cuando esos medios son militares, hablamos de guerra convencional; si están por debajo de la utilización de la fuerza, hablamos de guerra híbrida. Sigue siendo la continuación de la política por otros medios.
¿Qué objetivos políticos persigue Marruecos con esta estrategia?
Alcanzar su sueño del Gran Marruecos, que incluye, en primer lugar, la incorporación del Sáhara Occidental; también la revisión de las fronteras con Argelia; y, en último término, la soberanía sobre las ciudades españolas y las plazas de soberanía en el norte de África. Esos objetivos no se consiguen de un plumazo. Lo que se hace es llevar a cabo acciones que incomoden al Gobierno y al pueblo de España hasta que, poco a poco, queramos ceder para no tener que soportar más situaciones parecidas. Es una especie de chantaje: la utilización de la fuerza para conseguir objetivos políticos. Y lo han conseguido bastante bien, porque el Gobierno está muy incómodo con la situación que se ha producido en tierra y ahora también en el mar.
¿Buscaba Marruecos poner a prueba la capacidad de respuesta de España?
No necesariamente. Eso significaría que Ceuta y Melilla son objetivos inmediatos, cuando la prioridad de Marruecos es el Sáhara Occidental. La ONU ha establecido que debe celebrarse un referéndum de autodeterminación, pero España cambió su postura y se acercó a la propuesta marroquí de autonomía. Argelia es el principal aliado de los saharauis y todo lo que la fortalezca perjudica a Marruecos. Por eso, la visita del presidente español a Argelia y el debate sobre la concesión de la nacionalidad española a los saharauis son lo que Rabat ha querido frenar o castigar con estas acciones. No pretende conquistar Ceuta y Melilla ahora —para ellos eso está en un futuro hipotético a muy largo plazo—, sino presionar al Gobierno para que se distancie de Argelia y de las reivindicaciones del pueblo saharaui.
Si la crisis en Ceuta hubiera ido a más, ¿cree que Marruecos estaba dispuesto a llegar a una escalada militar?
No, una escalada militar no era su objetivo. De hecho, creo que se le fue la mano. Marruecos no es Rusia, que cuenta con armas nucleares, derecho de veto en Naciones Unidas y recursos energéticos que le permiten afrontar una guerra pese a las sanciones. Marruecos depende de Occidente, especialmente de Europa, y carece de la independencia estratégica, militar e industrial necesaria. Por tanto, una guerra convencional está muy lejos de sus intenciones. Lo que busca es presionar al Gobierno español para que vuelva a ceder, como hizo en 2022 al cambiar su postura sobre el Sáhara Occidental, y mantenga su apoyo a las reivindicaciones marroquíes sobre ese territorio.
La Armada respondió enviando un buque y dos fragatas a Ceuta, además de los contactos diplomáticos con Marruecos. ¿Fue adecuada la respuesta española?
El envío de buques a la zona fue exactamente lo que había que hacer para restablecer la soberanía y dejar claro de quién son esas aguas. Pero la Armada es solo una de las herramientas del Gobierno y no basta con responder por la vía militar o diplomática. Hay que mantener una postura firme y dejar claro a Marruecos que, por ese camino, no. Solo cuando comprenda que España no va a ceder y que estas acciones no le convienen, la crisis quedará resuelta y evitaremos que vuelva a repetirse.
Los hechos ocurrieron a finales de julio, pero no se conocieron hasta octubre y Sánchez no los mencionó en el Congreso en septiembre. ¿Cómo explica ese silencio del Gobierno?
La razón es obvia: mantener el relato de que Marruecos es un país amigo. Cuando el Gobierno cambió su postura sobre el Sáhara en 2022, recibió numerosas críticas, incluso de sus propios partidarios. Entonces justificó aquella concesión asegurando que traería la paz con Marruecos y el reconocimiento de nuestra soberanía sobre Ceuta y Melilla, entre otras cosas. Pero eso no ha ocurrido y, en lugar de rectificar, el Gobierno prefiere cambiar el relato para aparentar que las relaciones son buenas. Es un contrasentido, porque si nos lleváramos bien con Marruecos no tendríamos que enviar nuestros barcos para expulsar a los suyos de nuestras aguas territoriales.
¿Cómo encaja la buena vecindad que defiende el Gobierno con que Marruecos siga reivindicando Ceuta y Melilla?
Estamos encantados de mantener una buena vecindad con Marruecos, pero tiene que ser recíproca. La política de nuestro Gobierno de ceder a las presiones marroquíes solo provoca nuevas presiones. El problema es que su política hacia Marruecos ha fracasado y, en lugar de rectificar, intenta disimular ese fracaso, ocultando todo aquello que contradice su versión de que Marruecos es un aliado fiel. Pero los hechos están desmoronando ese relato.
¿Qué medidas debería adoptar España en sus relaciones con Marruecos?
El Gobierno debe cambiar su política hacia Marruecos. No necesitamos responder con las mismas acciones de guerra híbrida ni enviar nuestros barcos a aguas marroquíes. La respuesta debe ser diplomática y basada en la firmeza. Hay que convencer a Marruecos de que sus presiones no tendrán como respuesta nuevas cesiones, sino un endurecimiento de nuestra política, empezando por el Sáhara. Si insiste en no comportarse como un aliado leal, España podría reconsiderar su postura sobre ese territorio. Probablemente sería la medida más efectiva que podríamos adoptar.
¿Qué papel podrían desempeñar la OTAN y la Unión Europea ante estos episodios?
La OTAN podría intervenir si España lo pidiera, pero no lo hemos hecho. En Europa se ha criticado lo ocurrido y ha habido iniciativas legislativas y votaciones parlamentarias, algunas con el voto en contra de nuestro Gobierno. El Ejecutivo ha preferido alinearse con Marruecos antes que con sus socios europeos. En estas condiciones, Europa no puede ir mucho más lejos.
España celebra elecciones generales el 29 de noviembre. ¿Debería el próximo Gobierno cambiar la política exterior hacia Marruecos?
Gane quien gane, necesitamos firmeza. En política internacional, como en la educación de los niños, las concesiones excesivas solo llevan a nuevas concesiones. Por tanto, hay que mantener una política firme si queremos que las relaciones con nuestros países vecinos funcionen.