El precio del barril de petróleo Brent, el de referencia en Europa, se ha situado esta semana por encima de los 100 dólares estadounidenses impulsado por el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, algo que no ocurría desde que Rusia invadió Ucrania en 2022.
La consecuencia de esta subida del coste del crudo es el incremento de los carburantes en las gasolineras. Según datos de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (CEEES), la patronal del sector, en una semana -entre el 2 y el 9 de marzo-, el precio medio del diésel -gasóleo A- se ha elevado un 9,21%; mientras que la gasolina -95 E5- ha disparado su coste hasta un 18,98% más.
Las preguntas que se hacen los consumidores españoles siempre que se producen este tipo de incrementos en los carburantes son las mismas: ¿Cómo se determina el precio en los surtidores de las gasolineras? ¿Por qué se traslada tan rápido la subida del petróleo a los surtidores si posiblemente ese combustible se compró cuando el crudo estaba más barato?
«Los precios de los combustibles que compramos en las gasolineras se fijan normalmente por coste de reposición, es decir: cuanto le costará a la empresa que gestiona la red de gasolineras reponer el combustible que están vendiendo. Normalmente, las oscilaciones del mercado son pequeñas, pero estos días que el crudo está subiendo sin parar, el efecto se traduce de forma instantánea en el surtidor», asegura a La Información Económica de 20minutos Roberto Gómez-Calvet, profesor de Empresa en la Universidad Europea de Valencia y experto en políticas energéticas.
Gómez-Calvet explica que, sin embargo, cuando el precio del petróleo desciende tarda algo más en trasladar esa bajada al precio final debido a que hay que vender primero el inventario comprado caro: «La bajada de precios es mas lenta pues hay cautela en bajar precios hasta tener seguridad de que el coste de reposición no superará el precio de mercado».
Desde la Asociación de la Industria del Combustible de España (antes AOP), por su parte, señalan a este medio en que el precio de los carburantes no depende sólo del comportamiento del petróleo, sino de otros factores como el comportamiento de las materias primas refinadas. Esto es, están más ligados a las cotizaciones internacionales de la gasolina y gasóleo al por mayor en los mercados de referencia (en este caso, en el europeo).
Además, las mismas fuentes precisan que el precio final que el consumidor paga en el surtidor se ve afectado también por los costes de la distribución y el transporte al punto de venta, además de por los impuestos, que pueden representar entre el 45% y el 50% del coste final. En España, los gravámenes que más afectan a las gasolinas son el Impuesto Especial de Hidrocarburos (IEH) y el Impuesto de Valor Añadido (IVA), que es del 21% y que aplicado sobre la suma del precio base y el IEH genera un efecto impositivo acumulado.
«Las estaciones no tienen gran capacidad de estocaje»
Por otra parte, Nacho Rabadán, director general de CEEES, afirma que, en la mayoría de ocasiones en la que se produce una subida destacada en el precio del petróleo, en la opinión pública se da por hecho que «las estaciones tienen gasolina comprada a precios más baratos» semanas antes cuando la realidad es que «no tienen esa capacidad de estocaje». Esta creencia proporciona en la ciudadanía la sensación de que las gasolineras especulan con el precio del carburante y que el producto que ofrecen ha sido adquirido a un coste mucho menor. «Algunas compran todos los días, otras dos veces por semana, y otras una vez a la semana», revela.
Rabadán explica que en España hay dos tipos de gasolineras: las que son propiedad de grandes compañías y las que no, que representan el 70% de las instalaciones y se dividen entre abanderadas y libres. Las abanderadas, que están asociadas a una gran compañía petrolera y lucen su imagen, tiene un contrato que incluye una fórmula que determina el precio de compra de esa estación cada vez que haga un pedido.
«Esa fórmula incluye varios sumandos (BIOS, tasa eficiencia energética, tasa reservas estratégicas, etc). El más importante de esos sumandos es el que alude a la cotización internacional de ese producto. Por eso, si hoy soy una gasolinera abanderada y pido producto, mi precio de compra vendrá determinado por la cotización internacional del producto en ese momento«, indica el director general de CEEES.
En lo que se refiere a las gasolineras libres, que «pueden comprar a quien quieran», los proveedores «pasan sus precios vinculados también a la cotización internacional, independientemente de cuándo hayan comprado ellos el producto«.

‘Efecto cohete-pluma’
Tradicionalmente, para explicar cómo se traslada en tiempo y forma la subida del precio del petróleo a los surtidores, los economistas han hecho referencia al conocido como ‘efecto cohete-pluma’. «En momentos de incertidumbre en los mercados petrolíferos, como el actual por la guerra en Oriente Medio, los modelos de cohetes y plumas (rockets and feathers) explican un comportamiento de las empresas minoristas (y mayoristas) que afecta negativamente a los consumidores», indica el economista Juan Luis Jiménez en un reciente hilo de Twitter.
«La idea es sencilla: ante subidas del coste de la materia prima, el precio minorista sube inmediatamente, aunque el petróleo que se vende hoy haya sido comprado meses atrás. Pero cuando ese mismo coste baja, el precio minorista tarda mucho más en actualizarse y bajar», afirma Jiménez.
«En definitiva: la falta de competencia entre las estaciones de servicio, y en toda la cadena de suministro, lleva a que paguemos más por gasolina y diésel, sobre todo en estos momentos, agravando riesgos de inflación en el país», concluye.