Sáb. Ene 31st, 2026
Albares, Sánchez, Murillo y Ortega.
Albares, Sánchez, Murillo y Ortega.CARLOS G. KINDELÁN

En paralelo a la expulsión del embajador en Managua, el régimen ha echado también a un grupo de cooperantes españoles.

Mauricio Carlo Gelli ya no es el embajador de Nicaragua en Madrid, del mismo modo que Sergio Farré Salvá ya no es el de España en Managua. La crisis entre ambos países, diplomática de momento, ha dado así un paso más.

A Farré Salvá casi no le ha dado tiempo a conocer Managua de primera mano. Su estancia ha sido brevísima. Ha ejercido como embajador español en Nicaragua desde diciembre de 2025; presentó sus cartas credenciales a principios de enero; y este 25 de enero fue expulsado por el Gobierno nicaragüense.

También fue expulsado el ministro consejero de la representación diplomática, Miguel Mahiques Núñez. Al frente de la embajada española ha quedado como encargado interino de negocios el secretario de Embajada, Alejandro Robles Monsalve.

El Ministerio de Exteriores español, que calificó la medida de «injusta», ha actuado por «estricta reciprocidad» y este domingo expulsó a Gelli, hasta ahora embajador de Nicaragua en Madrid y a otro diplomático. «España me ha aplicado la reciprocidad», declaró antes de emprender su retorno a Managua, con escala en Roma.

Gelli llevaba más tiempo ejerciendo en la legación nicaragüense en nuestro país. Fue en mayo de 2023 cuando presentó cartas credenciales al Rey Felipe VI. El pasado viernes 23 estuvo en la tradicional recepción al cuerpo diplomático acreditado en España que ofrece cada año el monarca en el Palacio Real.

Pero pocas horas después, durante el fin de semana, Nicaragua decidió expulsar al embajador español sin dar explicaciones. «El Gobierno de España seguirá trabajando por tener las mejores relaciones con el pueblo hermano de Nicaragua», explicó Exteriores en un comunicado. En 2026 se cumplían 175 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Cooperantes españoles expulsados

En paralelo a la expulsión del embajador en Managua, el régimen echó también a un grupo de cooperantes españoles (unos 8 o 9), según cuenta el diaro nicaragüense La Prensa. Al parecer, muchos de ellos tienen doble nacionalidad (española y nicaragüense) y cuentan con vínculos familiares en el país.

Les detuvieron y les quitaron los teléfonos móviles (que revisaron y formatearon). Luego, les llevaron directamente al aeropuerto, donde fueron obligados a comprar sus pasajes con sus tarjetas de crédito.

El Gobierno de Nicaragua guarda silencio. Ni Ortega ni Murillo ni la Cancillería se han referido a la expulsión del diplomático español ni a la de su embajador en Madrid. Cuenta EFE que tampoco los medios oficiales y sandinistas han hecho eco de la noticia.

La hostilidad del régimen contra España

  • El exeurodiputado y político socialista español Ramón Jáuregui rechazó este martes la expulsión del embajador y del segundo jefe de la sede diplomática en Managua, que calificó como «una muestra más de la hostilidad y agresividad contra España».
    Jáuregui dijo desconocer las razones oficiales de la decisión del Ejecutivo nicaragüense, pero aseguró que este es «un régimen que viene mostrando desde hace tiempo una hostilidad y una agresividad». El exdiputado europeo conoce de primera mano la represión del régimen de Ortega-Murillo. Visitó Nicaragua en 2019 y elaboró junto con otros de sus colegas un informe en el que descartaron que hubiese existido un golpe de Estado, tal como aseguró el régimen para justificar su campaña contra los ciudadanos.

Ortega-Murillo, contra el mundo

En realidad, el caso español no es extraordinario. Los esposos y copresidentes, Daniel Ortega y Rosario Murillo, llevan años cavando un oscuro pozo, un régimen dictatorial con el que controlan el país. Parte de ese proceso ha sido la expulsión de muchos embajadores.

En 2023, el gobierno nicaragüense expulsó y despojó de la nacionalidad a centenares de opositores, exfuncionarios, defensores de derechos humanos, periodistas y activistas. En ese momento, España ofreció la nacionalidad a muchos de ellos, algo que el régimen consideró una provocación. El mandatario nicaragüense también ha obligado a abandonar el país a numerosos organismos internacionales.

El régimen dictatorial de Ortega y Murillo lleva tiempo enrocándose y quedándose con cada vez menos apoyos. Tras las protestas ciudadanas que tuvieron lugar en 2018, el presidente no tomó nota y en 2021 se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales. 

Ortega le contó al mundo que había ganado por cuarta vez consecutiva, lo que fue rechazado ampliamente por la comunidad internacional. En este tiempo, Naciones Unidas ha advertido que en Nicaragua «las garantías básicas y fundamentales se han eliminado con las reformas emprendidas por Ortega». El aislamiento del régimen se ha acentuado tras el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, llevado a cabo por fuerzas de EEUU.

La crisis Madrid-Managua de 2021

En España, el Congreso de los Diputados aprobó en marzo de 2025 una proposición no de ley, apoyada por los principales partidos del Gobierno y de la oposición, para condenar la «sistemática» violación de derechos humanos en Nicaragua. En el texto se pedía que la UE aumentara las sanciones contra el régimen nicaragüense y se exigía el cese inmediato de la represión.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha afirmado este jueves que «todos los embajadores de España en el mundo, realizan sus funciones de manera escrupulosa en respeto de la Convención de Viena que rige las relaciones diplomáticas y, por lo tanto, esa expulsión que se hizo de manera sumaria es absolutamente injusta», dijo a la entrada del Consejo de Exteriores de la UE. El ministro español también subrayó que Madrid quiere tener «las mejores relaciones» con el pueblo nicaragüense al que calificó como «pueblo hermano».

Esta no es la primera crisis diplomática entre España y Nicaragua, o más concretamente, con la Nicaragua de Daniel Ortega. En agosto de 2021, Exteriores llamó a consultas a la embajadora en Managua, María del Mar Fernández-Palacios. Lo hizo tras un comunicado de la Cancillería nicaragüense en el que se denunciaba injerencia por parte de España y se recurría a los GAL o a Cataluña para criticar al Gobierno.

Cuando el Ejecutivo español quiso enviarla de vuelta en marzo de 2022, el régimen de Ortega no le dio autorización. Tras una advertencia de reciprocidad por parte de Exteriores, Nicaragua optó por retirar a su vez a su embajador en Madrid. Finalmente, en julio de ese año, el Gobierno envió una nueva embajadora, Pilar María Terrén. Presentó sus cartas credenciales en febrero de 2023, dando así por superada la crisis diplomática.

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